domingo, 8 de junio de 2008

Mi último libro de poemas

La Vocación Suspendida, mi sexto libro, ganó en España el VI Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos. El poemario, con prólogo de Jon Juaristi, fue publicado en abril de 2008 por la editorial sevillana Point de Lunettes. Aquí pueden leer algunos de de los poemas de ese libro.



El dominio


Me asomo a la tarde, miro las nubes de soslayo,
desplazándose vistas y exaltadas sobre el pico de la montaña.
Se deslizan hacia el olvido de la mirada,
hacia el coro urdido por el silencio, o más allá.
En esta cárcel, mi condena,
la muerte está sentada al otro lado de la salida.
No me abandonará por ahora,
ella seguirá presa en mí, mientras afuera llueve
y el recordado azul del cielo se vuelve agua en los cristales.



La voz íntima


No sé a dónde dirigirme, ni a dónde encaminar mi desconcierto,
para encontrar respuesta a mi afán de existir.
Ensayo la ficción del advenimiento de la renuncia
y finjo escucharme a mí misma en lo que veo.
Tanto tiempo malgastado en pensar:
cuando la voz se apropia de la mente, es otra quien habla.



Cada día en otro tiempo
A Juana Rosa Pita

He venido a la tormenta,
al ruido espantoso de la estación del tren.
Aquí donde vivo nunca llegará el invierno
con sus hábitos curiosos,
ni tendré necesidad de poseer un hogar.
A veces salgo al muelle
y miro cómo rompe el alba sobre las olas,
cómo se funden color sobre color.
Demasiado pronto
el día abjura de su rumorosa vocación
y enmudece para hacerme hablar.
Desprecio el alarde festivo de la noche
y las ramas del roble
agitadas contra la tormenta.
Nada me obliga a la exclusión:
he vencido mi destierro.



Bogotá, después de una visita a Helena Iriarte


No hay relación entre las cosas
y aquello que las encarna.
La realidad acaso es un vacío
y su copia en el espejo
la evidencia de su precariedad.
Los nombres van por el mundo
retratando la angustia de no ser lo que nombran.
La gente corre afanada
hacia el vagón del metro o el autobús
porque la vida depende de un concepto.
Tampoco la puntualidad corresponde a su palabra,
pues no se puede llegar con retraso al destino.
¿Es posible que convivan alma y cuerpo?
¿no serán un binomio inseparable,
una sola cosa que no sabemos nombrar aún?
En estos temas, como en tantos otros,
me atropella la retórica,
y vuelvo a preguntarme si será posible
nada más vivir.



El espejo que huye


En la orilla de las aguas inmemoriales,
junto al abandono de la contemplación,
mi tristeza se desliza hasta tocar lo puro,
lo inmaculado de esas aguas rebeldes
donde el reflejo de mi rostro me observa.
Estoy sola, contemplada por mí misma,
juzgada y condenada a existir ahora,
más triste que nunca en la certeza
de que me he negado el perdón.



Tan sólo a lo lejos


El día se niega a la renuncia, demasiado débil para aceptar morir.
¿Cuánto comprenderé antes de verlo fracasar en el calendario?
Tendría que preguntarle al mundo por mí misma, a este día
que aceptará responder por la naturaleza de mi tiempo;
pero no lo haré, le temo al puro aliento de la mortalidad.
Mañana es octubre y aunque insista
pasará tan sólo a lo lejos como yo misma pasaré por el mundo
decidida a no renunciar, todavía.
A través de las grietas de una realidad que ya no es probable,
habla un mundo en su voluntad sibilino;
lo escucho al tiempo que mi cuerpo se turba
con la inesperada presencia de la música.



Olvido de mí


Octubre ha llegado dominado por las lluvias,
y los demás meses lo han seguido hasta aquí.
De repente este amontonado tiempo lo llena todo,
el verde de la casa, las sillas, la manta que cubre el piso
cuando en el verano me recuesto a leer.
En mí no es posible el abandono del tiempo,
la gracia que supone el olvido
me hubiese salvado de esta invasión.
Ahora debo caminar con cuidado
para no maltratarme con tantos recuerdos.
¿Me engañaré o será verdad lo que voy a decir?
Renuncio a esta visita, no le temo a la soledad.



El amor o alguna otra fe


Camino con el necio anhelo de encontrarte,
miro hacia la banca señalada en la fecha imprecisa,
hacia cualquier andén, árbol o nube
que pudiera decirme algo de ti,
de tu cuerpo ya ido.
Las calles de esta ciudad me parecen ajenas
ahora que tú no puedes acompañarlas.
La agonía, la muerte, la esencia del vino,
tú que no estás, que no estarás, mi confín.
La espera va al recuerdo
donde en vano he permanecido nostálgica
por el hoy que ya es.



La torre de marfil


El mundo es una torre de marfil, en vano
busco una puerta en sus paredes curvas.
Parezco una actriz representando a un borracho,
camino tratando de hacer una línea recta,
nunca eses. No soy una profesional
de la actuación, ni siquiera me le parezco,
pero caminaré tratando de hacer una línea recta.
A veces me siento frente al ordenador y busco
toda clase de cosas, desde zapatos hasta amor.
Y sí, todo lo encuentro allí, porque el mundo es una torre
y estoy atrapada con todo lo demás, es inevitable.
Cuando me miro al espejo me sorprende lo común
que parece mi rostro, y me digo:
es bueno ser tan común, no te asustes.
Vuelvo a sentarme frente al ordenador y encuentro
las mismas cosas, todo, todo, hasta el amor.
Y allí mismo, tecleando,
trato de comprender
por qué me siento libre en la jaula del pájaro.